Me viene a la cabeza una anécdota de hace un tiempo. Unos añitos ya, pero que perdura en la memoria. Aviso, si no me conoces y ves mis anteriores entradas, puedes pensar de mi que soy deprimente hasta morir. Nada mas lejos de eso, yo también soy una destroza corazones. Bueno, tampoco es eso...Bah, dejadme hablar.
Hace unos años, fuimos de viaje de graduación a Mallorca. Es lo típico que cuando vas de viaje piensas, voy a pillar hasta reventar; porque sí, porque ahi no me conoce ni Paco; encima era verano, enseñas chicha en la playa, te vas de fiesta...y ahí habían más guiris por metro cuadrado que anuncios tiene antena 3 en sus publicidades. Muchismos. Yo había salido ese curso de una relación tormentosa y tenía unas ganas de libertinaje acojonantes. Ahi ahi, con todos. Hala.
Bien, pues del dicho al hecho, va un trecho. El primero que me entró, me enganchó para todo el viaje. Era un francés rubio guapísimo, era mayor que yo, unos años, pero vamos, que pasaba por un chaval de mi edad. Era perfecto, educado, tenía conversación (bueno, el muchacho hablaba mucho en francés y chapurreaba el español... yo de francés no tengo ni puta idea, os podeis imaginar las conversaciones tan profundas que teniamos el franchute y yo. Pero bueno, él hablaba.), estudiaba medicina, tenía pasta... el tío ideal, parecía gracioso (yo es que me reía de la mayoría de cosas que decía, como no podía aportar mucho más...yo soltaba risotadas, y eso se ve que le motivaba y seguía hablando.) y sacado de una novela. En la playa por la noche yo tenía frío, pues él se quitaba la camiseta y me la daba.Ahi, pecho lobo. Que fumaba y yo le decía que muy mal, que eso a mi no me gustaba, pues no pasa nada, tiraba su paquete de tabaco y el cigarro y venía a besarme. Que yo no quería guarrear con él, él me respetaba y no me tocaba. Que yo quería, entonces me veneraba de una manera...exagerada. Una monada.
Demasiado monada.
Las tías somos subnormales y nos van los que nos lo ponen complicado. Nada de mentiras, es así. A nosotras un tio amable que viene detrás nuestra y pone a nuestra disposición su corazoncito en bandeja no nos motiva. Y así pasó, que le dije, "si si, dame tu dirección de correo, tu móvil.... ya te llamaré". Mentira cochina. ¡Que el muchacho era de Normandía! Estaba tan pinzao por mi que era capaz de plantarse en Valencia, pero no iba a dejar que sucediese. Así que nos despedimos, me fuí con su camisa en la maleta (la cual guardo aun, por cierto) y con la certeza de que nunca más sabría de él. Y nunca he sabido.
A veces, cuando los tios me putean y me hacen daño, me acuerdo del francés. Era bueno conmigo, y no me interesó. Soy masoca, supongo. Bueno no, soy mujer.
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