miércoles, 8 de junio de 2011

Ríe

Te voy a contar una cosa. Un secretito sin importancia, pero te gustará.
¿Alguna vez has estado a punto de llorar y te han sonreido y ya no has llorado? Intentalo. Es maravillosa la sensación de tener un mar de lágrimas a punto de desbordarse, que te invada una angustia horrible dentro, y que una pequeña sonrisa te frene las ganas de llorar. Incluso te rias. Es como si te dieras cuenta de que, aunque las cosas se hayan torcido y sientas rabia y pena, recuerdas como reir. Es mas, sabes que por muchas cosas que te pasen, por muy mal que estés, vas a acordarte de como se tensan los músculos de tu cara, de como mostrar los dientes, labios curvados, y tener la certeza de que todo irá mejor. Y que te dediquen una sonrisa cuando más lo necesitas, es perfecto. Es simple, pero todos deberíamos ir repartiendo sonrisas allá donde vayamos. Regalarlas no cuesta nada, no se agotan, no cansan, ni contaminan.

Cuando ves a la persona amada y sientes que no eres correspondido, pero en esa cara empiezas a distinguir como una pequeña sonrisa se dirige hacia ti, prueba a llorar en ese momento. Porque lo harás de alegría.
O cuando andas solo y perdido, y el mundo te parece más grande y raro, una sonrisa en ese momento, que te proporciona ayuda, hace que todo sea humano, más fácil, menos triste.

Porque el poder de la sonrisa es enorme, porque nunca sabes quien puede necesitar de tu sonrisa, para hacerla suya, utilizarla cuando más la necesite. Porque son los pequeños detalles los que te inspiran felicidad.
Un día dediqué la mañana a realizar trámites y papeleos en los típicos lugares tristes y frios en forma de oficinas, en los que crees que nadie tiene sentimientos, simplemente son robots que se dedican a su trabajo y lo que tu puedas necesitar, les importa bien poco. Pues bien, ese día uno de esos robots que trabajaban en esa oficina tenía un día negro, de esos que preferimos olvidar. Sus motivos los desconozco. Solo sé que mientras realizaba su trabajo, delante de mi, se le derramaban lagrimones como piedras, que caian lentamente mientras él se sumía en un profundo silencio. No sabía como reaccionar, pregunté si estaba bien, y la respuesta que obtuve fue un movimiento de cabeza poco claro, aun no sé si era un asentimiento o no.
Ante tal respuesta, solo me quedaba una cosa por hacer. Sonreir. Cada vez que el hombre se dirigía a mi, para pedirme tal o cual papel, se lo entregaba con una sonrisa. Primero fueron tímidas, yo cohibida porque no sabría cual sería su reacción, y después mas amplias, según se iba normalizando la situación.
El hombre dejó de llorar, incluso bromeó. Y sonrió ante su propia broma, y ante mi risa.
Al marcharme me dio las gracias, con una sonrisa. Una gran sonrisa. Y desde ese día he sabido que en ocasiones, una sonrisa vale mas que mil palabras.

1 comentario:

  1. Yo sonrio siempre. O al menos lo intento. En un mes que pasé en Inglaterra me hice muy amigo de un suizo que me decía constantemente: me preocupas. Siempre estás sonriendo. Seguro que tú no fumas? yo me partía de risa y le decía que no, que me salía ser así. Y es que siempre he sido así, hasta cuando peor lo he pasado. Sonreir es una forma de vida. Y jamás me cansaré de intentar hacerle la vida más feliz a los que me rodean a través de mi sonrisa. Ya sea mi novia que no tengo, mis amigos, mi familia, desconocidos en un bus o en el metro. Sonreir y ser amable. Siempre. Y a ti, autora de este blog, no me cansaría nunca de sonreirte. Que cosas dice uno cuando cae la noche.

    ResponderEliminar