Los comienzos, esos pequeños periodos de tiempo en los que regresas a casa con sonrisa de gilipollas.
Perdonad, os sitúo. He hablado en el blog de rupturas, generalmente. Del sentimiento tan desagradable del desamor. Un poco catastrófico todo... La verdad es que no estaba preparada para hablar de esperanzas. Pero todo pasa, y ahora sí que soy capaz de hablar de una de las cosas más bonitas de la vida.
Los primeros días en los que conoces a una persona que te ilusiona.
Porque todo el sufrimiento que pasas cuando todo acaba, hubo un momento en el que no pensabas ni por asomo odiar, amar, y volver a odiar a esa persona; ese momento en el que todo son promesas inocentes y detalles que parecen insignificantes pero que, acumulados en una montañita, te hacen sonreir. Y la vida parece un lugar menos hostil.
Todo comienza cuando ves su cara. Y te late el corazón muy rápido. Te tiembla todo. Te sonrie. Te toca, y en ese lugar donde te toque, se eriza el pelo. Y ya no te acuerdas ni de tu propio nombre. Cuando cada momento compartido parece único, desearías atraparlo en una burbuja, congelarlo, grabarlo y tenerlo guardado para revivirlo mil y una veces.
Das vueltas a lo acontecido entre ambos, te desesperas por más momentos en común. Pero es una desesperación sana, tu vida es tu vida, solo deseas compartir una parte de ti con esa persona.
Y lo mas grandioso de todo es cuando eres consciente de que la "desesperación" sana es mutua. Sabes que pasará, todo lo que deseabas. La impaciencia te envuelve, todo lo que has contenido durante ese tiempo te quema, lucha por salir a la superficie. Vuelves a sonreir, con muchas ganas, con las mismas ganas que tienes de esa persona.
Le besas, le besas con ternura, le besas con rabia. Enloqueces de deseo, sin parar hasta que tienes la cabeza llena de su ser. Y ya lo tienes. Se te concede lo que deseabas. Eres feliz. Realmente es un momento bonito, sobran las palabras para explicarlo, es único, y es maravilloso vivirlo. A veces pienso que debería sentirme en deuda, por tener el privilegio de sentir ese momento, el momento en el que das gracias por existir y por la existencia de esa persona. Luego se nos olvida, y muchas personas deberíamos recordarlo a lo largo de nuestras relaciones, ese pequeño instante en el que eres tú y esa persona. Sin existir nada más.
Es gracioso, lo sencillo que resulta todo en ese tiempo, lo fácil que las promesas se hacen, las palabras bonitas se te escapan sin que pongas remedio a ello. La mayor complicación esos días es intentar complacer como puedas a esa persona especial. Para que se quede contigo, a tu lado, y seguir completando los días junto a ti.
Y no piensas en el futuro, deseas disfrutar de su compañía, no tienes prisa, ni cuentas con un límite de tiempo. Bueno, por desgracia, no siempre.
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